7 datos curiosos sobre por qué se te ponen los dientes amarillos (y por qué el blanco se va a los quince días)
La escena de siempre: se nota más al final del día, y con luz de baño más todavía.
Si has probado tiras, kits de luz y pastas blanqueadoras y siempre acabas en el mismo sitio, no es que lo estés haciendo mal. Es que casi todos atacan el problema por donde no es.
Antes de culpar al café, a la edad o a la genética, siete datos sobre lo que pasa de verdad dentro del diente.
1.El diente no es blanco por dentro
Lo que ves es esmalte, que es traslúcido. Debajo está la dentina, que es de un amarillo natural. Con los años el esmalte se adelgaza y la dentina se transparenta más: el diente se ve más oscuro sin que haya ni una mancha nueva.
No siempre es suciedad. A veces es transparencia.
2.El esmalte no es liso, es poroso
Visto de cerca, la superficie tiene poros. Ahí es donde se meten los pigmentos del café, el té, el vino y el tabaco. No se quedan encima: se quedan dentro.
Por eso frotar más fuerte no lo arregla.
3.El peróxido blanquea abriendo ese poro
Es el ingrediente de casi todas las tiras y los kits. Funciona: abre el esmalte y saca el color desde dentro. El problema es lo que deja detrás, que es un esmalte más abierto que antes de empezar.
Blanquea. Y a la vez prepara el terreno para que vuelva.
«Llevaba años probando cosas que me dejaban los dientes sensibles y a las dos semanas volvía el amarillo. Este no pica y el cambio de verdad lo vi en la tercera semana.»
4.La sensibilidad es la factura de haberlo abierto
Ese latigazo con el frío no es que el producto «esté haciendo efecto». Es que los túbulos del diente han quedado expuestos. Es la señal más clara de que se ha blanqueado abriendo.
Si pica, algo se ha abierto.
5.Un esmalte abierto se vuelve a manchar más rápido
Aquí está el círculo completo. El primer café después de un blanqueamiento agresivo pigmenta más que el de la semana anterior, porque el poro está más abierto que nunca. De ahí la sensación de que «me dura cada vez menos».
No te dura menos: te mancha antes.
Los tres de siempre. El problema no es tomarlos: es el estado en el que encuentran el esmalte.
6.Casi ninguno devuelve mineral al diente
Blanquear y reparar son dos cosas distintas. La mayoría de productos caseros hacen lo primero y no hacen nada de lo segundo: sacan el color y dejan el esmalte como estaba, o peor.
Sacar la mancha no es lo mismo que cerrar el poro.
7.La salida es corregir el tono y sellar
Ahí es donde entra Purple V34. Hace tres cosas a la vez y ninguna abre el esmalte: el violeta corrige el tono al momento por teoría del color, el PAP+ aclara sin oxidar, y la hidroxiapatita —que es el mineral del que está hecho el propio diente— rellena el poro y lo deja sellado.
Dos pulsaciones sobre el cepillo, cinco minutos, dentro del cepillado de siempre.
Sellar, no abrir.
Dos pulsaciones. Ni férulas, ni cables, ni media hora con la boca abierta.
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¿Le damos la vuelta al círculo?
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